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Editorial:
SIN CARETAS
por Gustavo García

Cuando Néstor Gorosito dijo irónicamente que tenia que pedir perdón por haber ganado, estaba quizás, dejando al desnudo su verdadero perfil como técnico.
También afirmó en conferencia post partido frente a Banfield, que “cuando los demás ganan así, es por la mística, pero cuando River gana así, hay dema-siados cuestionamientos". y tal vez no le falte razón.
En aquel momento, nadie imaginaba lo que sucedería varias fechas después frente a Arsenal y de que mane-ra River, resolvería ese partido. Pero ante todo, lo que deberíamos respondernos, más que preguntarnos es que queremos nosotros, como hinchas. Esto para ter-minar de una buena vez con el gataflorismo.
Ahora, pensando en voz alta, porque habríamos de exigirle a Gorosito lo que no se le pidió a Simeone, o para decir mejor, lo que se le perdonó a Simeone. Porque sería grave que hayamos olvidado que se aplaudió al técnico que fue, junto con muchos de estos jugadores, responsables de nuestra peor campaña en la historia.

Gorosito en poco tiempo logro algo fundamental para el futbol, que un jugador de River se la entregue a otro del mismo equipo.
Si lo conveniente hoy es ganar y después ver de qué manera…bueno, habrá  que bancársela.
Recordemos que Gorosito es de River, tanto como Gallardo, Ortega o Fabbiani, Los picapedreros mediáti-cos nunca lo fueron y salieron ovacionados del Monu-mental.

Seamos cautos, que la efervescencia no nos impida usar la razón, que el ogro no nos tape el bosque, y que realmente si somos capaces de festejar un triunfo en la última jugada frente a Nacional de Paraguay, o gritar una victoria sin lucir frente a Banfield, después no pidamos jugar lindo cuando venga la mala.

Se rajó a Mostaza, se puteó a Passarella, y le dimos la derecha al que le bajo el pulgar a Ortega desterrándolo de River. El doble discurso, la ciclotimia y los técnicos del resultado puesto no sirven. Lo que vemos es lo que hay, ya no es momento, ni hay tiempo de pedir absolutamente nada.

Afortunadamente el grito por Ortega se escucha cada domingo, como un cántico de guerra, como la memoria que se resiste al olvido frente a los responsables de todo esto, esos mismos que caminan por el club sin que nadie les diga nada. Muchos de ellos más que ponerse la careta de Shrek, tendrían que sacarse la que llevan desde la cuna.

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