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Editorial:
LA MEDIOCRIDAD DEL PODER
por Gustavo García

No se puede comenzar a analizar los resultados futbolísticos en un club, sin entender primero, su conformación dirigencial. Porque la raíz del éxito y del fracaso en lo deportivo e institucional, radica en el proyecto de base.    
No hay forma de volver atrás, el daño está hecho y deja secuelas fuertes.
El segundo mandato modificó la historia, nuestra historia. Si trasamos un paralelo con la política nacional, a River le pasó lo mismo que a nuestro país con aquella histórica reelección de 1995. Es ahí donde aparecen las culpas compartidas, es ahí donde nadie se puede lavar las manos. Donde no se puede decir yo no lo voté. Ahora no basta con insultar y pedir que se vayan (sabemos que eso no va a pasar).

A la hora de la verdad los elegidos fracasaron. Nos dejan como ejemplo la mediocridad de las contrataciones en el futbol, el básquet perdido, la lluvia en el anillo, el Locarno de Suiza, el despido de Delem, los grupos de choque en la tribuna, el club vallado, el museo que espera, y una cantidad de episodios por nombrar, que lejos están de honrar nuestra rica historia. Como lejos quedó el ejemplo de LIberti, de Leopoldo Bard tipos que predicaban no solo con palabras, que se arremangaban para laburar de verdad por su club.

Estamos viviendo la era de la mediocridad dirigencial. Sin ideas, ni convicciones. Directivos pequeños, con la soberbia de la ignorancia.
Tenemos el plantel que se merece esta dirigencia, pero no la gente. No los socios, que quieren votar y no pueden cuando se vota un sábado, lejos de las posibilidades del activo simple, del socio de cancha. Maniobra barata para buscar el voto del empleado del club, de los seguidores incondicionales y de muchos mercenarios.

Antes que insultar al técnico, o pedir que se vaya tal o cual jugador, apuntemos a los responsables verdaderos. Que el miedo no nos gane, que no se nuble nuestro pensar, dejándonos llevar por el facilismo idiota de alentar sin razón. Siempre fuimos diferentes, no emparejemos hacia abajo.
Hay que estar atentos a los futuros candidatos y leer entre líneas cada mensaje, aunque propuestas hay pocas, quizás no las tengan porque varios comenzaron acompañando este proceso, y hoy se visten con el traje camaleónico de la disidencia.

El compromiso es pura y exclusivamente nuestro, del  socio para con su club. Hay que preguntar y exigir no solo banderas y afiches, sino propuestas. Cuando los responsables del vaciamiento, se alejen del club, que la memoria colectiva no los olvide, ni vuelva a equivocarse. River seguirá siendo grande, y volverá a recuperar la gloria perdida, pero estoy seguro que no será por ellos.

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