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Lamentablemente no es noticia, ni sorprende a propios y extraños. River se despidió de la Copa marcando en forma histórica un nuevo retroceso.
Este pésimo desempeño comienza en los escritorios dirigenciales. En los mismos que hoy miran con critica y fustigan con violencia verbal a los jugadores. Ellos son los principales autores de una decadencia impensada hace algunos años.
Analizar planteos tácticos y jugadores que debían ingresar o no, es demasiado superficial para este mal. El actual técnico heredó este plantel, como también lo heredó Simeone en su momento. Los jugadores (por llamarlos de alguna manera) rinden al máximo, si créalo, al máximo y son en muchos casos la fiel imagen de su condición técnica y de su poder de comprensión táctica. No insultemos mas a los no pueden rendir de otra forma, esto es todo lo que hay.
Alguna vez Gorosito dirigiendo a Lanus dijo:”de padre bobo, hijo bobo” en clara alusión a los hinchas argentinos. Trazando un paralelo con esa frase, podemos decir:”dirigencia mediocre, plantel mediocre”.
El interrogante se plantea a futuro, cuando en junio se deba elegir a los próximos integrantes de un plantel que debe renovarse. La actual dirigencia ya dio muestras de no saber del tema y nos anestesió con sus malas costumbres, y su fracaso a plazo fijo.
Esta eliminación de la copa a manos de un equipo (también eliminado) sin historia futbolística y faltando una fecha para cerrar la primera face, nos muestra una vez más el alma de una dirigencia que agoniza, sin fuerzas para la autocrítica y mucho menos para la noble y sensata decisión de dar un paso al costado.
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